LOS PALOMARES

 
Fuera del pueblo, es característica la aparición de palomares, de gran importancia, años atrás en la economía domestica. Los palomares, no son exclusivos de Palomar las llanuras, pero es en estas donde cobran su verdadero sentido, donde han adquirido el valor de símbolo para una tierra sin límites ni fronteras. Quizá no sea la arquitectura más importante, pero si la mas llamativa.
Son colocados alrededor de las poblaciones, recogidos en los calles o encaramados sobre cuetos y oteros, reclaman la atención del foráneo por la variedad de sus figuras y por los adornos afiligranados de tejados y guardavientos.

Los palomares, son las casas de las palomas, y como las palomas no han cambiado sus hábitos de vida, los palomares siempre se han hecho así, cerrados sobre si mismos y oscuros, porque en sus oquedades anidan mejor estos inquilinos. La variedad de las palomas suele ser la llamada Brava, de color gris azulado.’ Y sus crías los pichones. Las Mansas, suelen criarse en las casas, en pequeños palomares, como aves, más domésticas, como las gallinas, etc…, éstas son de muchos colores.

El origen del palomar ya se documenta en Grecia, existiendo monedas que reproducen torres destinadas a las palomas. En el mundo romano se mimaban porque constituían una fuente de ingresos nada despreciable
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En el S: XIX, cuando las modas orientalizantes hacen furor en nuestro país, se incorporan a estas construcciones elementos que recuerdan a los templos o pagodas chinos-japonesas, al mismo tiempo que crece el interés por todo lo exótico.

Sus figuras son variadísimas, los hay cuadrados, circulares, rectangulares, poligonales, mixtos… La mayoría tiene un patio central, al cual vierten las aguas lo tejados. Las palomas habitan en su interior preparado en nichos o neales en forma de cuarto de esfera, cuadrada o triangular.

Cada año que pasa su destrucción y deterior es mayor, el abandono de los dueños que no ven la rentabilidad que era de esperar y que tuvieron en otras épocas. En otras ocasiones se ven sometidos al saqueo por parte de gente sin escrúpulos.

(Volver a las raíces y regresar al presente de un pueblo: Fuentes de los Oteros.  Ana María García Vicente.)
 
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