LA CUADRA
 
La cuadra, una o varias, era un espacio muy apreciado por los agricultores. Allí estaban los animales sin los cuales un campesino no es nadie. Los necesita para casi todas las tareas que realiza en el campo, y hasta para las que son más caseras  como el acarreo de leña o el acopio de alimentos para el consumo de la familia.
 
Por eso se comprende que se ocupara de su sustento, de su salud y de la salubridad de sus habitáculos. Era un orgullo presentar unos animales fuertes y lustrosos, y además limpios. El horario de comidas era una norma de obligado cumplimiento para los amos, marcaba el final de la partida los días de fiesta, o el límite de la ausencia en caso de un viaje. Cuando en invierno la cocina era el refugio obligado de toda la familia, sonaba cada poco la voz del padre que decía que iba a echar el primer pienso al ganado,  luego el segundo, y finalmente la hierba, si la había, para que los animales tuvieran algo que hacer durante la noche: mordisquear el forraje. También era frecuente la visita del veterinario a curar a un animal de una fractura o de una indigestión. Finalmente, limpiar los establos  era una tarea más de los chicos de la casa, que con una carrilla y unas horcas sacábamos el abono, echábamos paja nueva y dejábamos las cuadras como habitaciones recién aseadas. Nosotros pensábamos que los animales nos daban las gracias cuando al entrar olisqueaban  la paja nueva o la escarbaban  con las pezuñas. Era su forma de demostrar que apreciaban nuestro trabajo.
 
Pero lo más reseñable de esta asociación era el apego que se establecía entre los protagonistas, personas y animales. Estos conocían la voz de sus amos y el tono en que los hablaban, y en la mayoría de los casos obedecían sus órdenes pacientemente. Era sorprendente ver a los animales ir o venir, aligerar el paso o espaciarlo, girar a la derecha o a la izquierda, a la sola voz de los amos. Estos tenían medios para dirigir a la pareja, los juncos, las bridas, la ijada o la tralla según fueran vacas o caballerías, pero preferían primero utilizar el verbo, la palabra, la voz. Y disfrutaban  que las cosas se desarrollaran con suavidad, con buen entendimiento entre ellos. Luego, cuando acababa la tarea y se soltaba el ganado para que descansara y comiera, una palmada en el lomo o una caricia en el morro, era la forma de agradecer a los animales su ayuda y buen hacer.
 
En la cuadra estoy seguro que también se urdían por parte de los amos la mayor parte de los planes de trabajo, y el análisis de la marcha de la tarea de la temporada, así como las dificultades que se iban a presentar por parte de los diversos agentes externos que podían afectarles como el tiempo, la maquinaria, la interferencia de otras obligaciones, etc.. En general, los amos procedían a realizar las tareas de alimentación de su ganado en silencio, iban de un lado a otro concentrados en sus pensamientos, roto solo el sigilo por el regaño a algún animal que reclamaba su alimento con gestos inadecuados. Y después de terminar, se quedaban en la cuadra tranquilos, haciendo compañía a quienes también eran sus cómplices en la tarea, fumando un pitillo, sin prisas por volver al calor de la cocina, entre otras cosas porque también en la cuadra hacía calor. En estos momentos su cerebro trabajaría reposada pero intensamente sobre el orden de la casa.
 
Cuando por la edad o por alguna enfermedad llegaba el momento de prescindir de un animal, la pena y la tristeza embargaban el ánimo de pequeños y mayores. Todos recordamos, aún hoy día, el nombre de algún animal de trabajo, vaca, caballería o burra, que dejó una huella indeleble en la memoria familiar por su docilidad, inteligencia y disposición para el trabajo duro y continuo.
 
Como entre paréntesis quiero decir que a mí me gustaba mucho echar de comer a las vacas cuando  estaban en la cuadra y cuando no estaban, pero más cuando estaban. Me gustaba ver cómo se movían al entrar en el establo, te miraban inquietas, rugían los collares de hierro con que estaban atadas al pesebre y poco a poco se tranquilizaban, mientras yo volcaba  la paja de la talega a la zeranda a fin de que cayera el polvo y la pusla. Para echársela en el pesebre había que hacerlo con decisión porque si no te arrollaban, como si estuvieran muertas de hambre, cosa que no ocurría. Luego cogías el caldero del pienso, harina de cebada, colgado en una punta de la pared o de una viga baja, y el ruido del caldero ya sí que las enfurecía de contentas, supongo. Sujetado el caldero con una mano sobre la cadera te acercabas defendiéndote con la otra del acoso del animal hasta acercarte al pesebre, metías la mano y cogías dos o tres buenos puñados de parda harina que echabas en la paja si habías conseguido librarte de la lengua del animal, la revolvías ante los acosos del bicho y finalmente dejabas que metiera el morro en el alimento, cosa que hacía resoplando, buscando con su enorme lengua los montoncillos de harina que siempre quedaban sin revolver y engullendo a boca llena. Ya no hacían caso de nadie, era el momento de regalarlas una caricia. Me gustaba el tacto de la harina y de la paja y me gustaba sobre todo la respuesta del animal que se comportaba casi como un niño a la vista del biberón. Las caballerías en vez de harina comían cebada en grano y eran más ligeras para soltar una patada  o un pisotón
 
Quizá alguien al leer estas letras se extrañará que no haya ninguna referencia al ordeño y al cuidado de los terneros en una ganadería. Pero es que en nuestra tierra no existía esta actividad como ocupación habitual de sus vecinos. Apenas alguna vaca de leche para el consumo familiar apareció andando el tiempo en algunos hogares, pero no supuso una presencia reseñable en el ámbito del pueblo. Lo cual es perfectamente comprensible en una zona de secano donde escaseaba la hierba hasta tener una presencia prácticamente testimonial en la producción de bienes de nuestro terruño.
 
Hoy los animales se han sustituido por las máquinas, y las cuadras por las naves y los garajes. Cosas de los tiempos. También estos artilugios entienden del trato que les dan sus amos.
 
Macario Aparicio Marne
 
 
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